Virgen, casta y pura
Una vez, hace mucho, fui todo eso para mi asombro infantil.
-Estas niñas, todo el día hablando de novios.
-¿Y tú crees qué Pepita ha tenido novio?
-¿Que va a tener novio, muchacha, pues, no ves que es virgen?
Fue cuando una de las interlocutoras se percató de mi presencia. Yo, siendo como era virgen, casta y pura me puse a disimular, pero ello no evitó que sintiera unos ojos taladrándome y que luego escuchara una voz preguntarme "¿por qué digo yo que tus sabes qué es ser virgen, no?". ¡Qué pregunta! Ni que yo fuera tonta encima. "Claro", respondí asintiendo con la cabeza. Ellas se olvidaron de mi presencia y yo seguí atenta a la conversación pues, no sabía el motivo , pero sentía que allí había gato encerrado. Y así fue.
Por la tarde, mientras jugaba con mis amigas, me llevé a una de ellas a un parte y le dije en plan listilla.
-¿Tú sabes lo qué es ser virgen?
-¡Claro!
-A ver, lista, dime qué es.
-Pues la Virgen María, la que está en la iglesia.
-Pero que tonta eres, eso no es. Ven, que te digo, pero... -interrumpí mirando a mi alrededor por si había alguien cerca, luego continué-, prométeme que no se lo dirás a nadie.
-Prometido, prometido.
Y le dije. Apartir de ese día fuimos las jefas del grupo aunque, realmente, no entendiéramos eso de la virginidad, la castidad y la pureza. Su significado real, o como se perdían eso tres adjetivos, lo supimos algunas antes, demasiado antes, y otras tarde, demasiado tarde y unas pocas en el intermedio.
¡Cómo odio las mudazas!
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